Tu empresa no necesita el último PC, pero tampoco uno de museo

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No todos necesitan un PC con esteroides.

Hay computadores que parecen tener contrato indefinido. Cumplen años y, mientras sigan encendiendo, nadie parece tener demasiadas ganas de sugerir su jubilación. Después de todo, ¿para qué gastar dinero en un equipo nuevo si el viejo todavía permite abrir el correo y trabajar?

El problema es que un computador puede seguir funcionando y, aun así, estar frenando a una empresa. Lo que parece una decisión inteligente para cuidar el presupuesto puede convertirse en una dificultad cuando las aplicaciones tardan demasiado, los sistemas dejan de recibir soporte o las herramientas disponibles ya no responden a las necesidades del negocio.

En entrevista con Pixelados.co, José Morales, director de System Channel de SMB de AMD, explica cómo identificar cuándo ha llegado el momento de renovar los equipos de cómputo, qué factores considerar para evaluar la inversión y por qué modernizar una empresa no significa necesariamente cambiar todos sus computadores al mismo tiempo.

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El costo empieza antes de que el PC se dañe

Esperar a que un computador deje de funcionar para reemplazarlo puede parecer una decisión prudente. Pero la obsolescencia tecnológica no siempre llega acompañada de una pantalla azul o de una máquina que se niega a encender.

A veces las señales son menos dramáticas: aplicaciones lentas, cuellos de botella y procesos que empiezan a exigir más tiempo del necesario.

Morales explica que las organizaciones suelen enfrentar dos momentos al evaluar su infraestructura: las situaciones urgentes, cuando los sistemas ya presentan dificultades, y las decisiones estratégicas, relacionadas con las capacidades tecnológicas que necesitarán más adelante.

Hay cuellos de botella, la experiencia del usuario de plano pues ya está totalmente limitada y simplemente las cosas no funcionan como debieran ser”

José Morales, director de System Channel de SMB de AMD

El problema tampoco se limita al desempeño. El software evoluciona, aparecen nuevas versiones y, eventualmente, algunos desarrolladores dejan de ofrecer soporte a sistemas y aplicaciones anteriores.

Morales menciona el caso de Windows 10 como ejemplo de una situación que obliga a revisar la infraestructura tecnológica. Una empresa puede conservar computadores que aparentemente funcionan bien, pero encontrarse con limitaciones cuando necesita actualizar sus herramientas de trabajo.

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Y aquí aparece una distinción importante: tener computadores antiguos no significa automáticamente perder dinero. El inconveniente surge cuando esos equipos dejan de responder a lo que la organización necesita.

Por eso, la renovación también debe contemplar hacia dónde quiere avanzar el negocio. Incorporar nuevas aplicaciones para ventas, nómina o atención al cliente puede exigir capacidades que la infraestructura actual no ofrece.

El ejecutivo resume esa perspectiva con una recomendación:

Hacernos cargo de lo urgente, pero cuando ya estamos ahí, pues de una vez pongamos la mirada hacia adelante”.

El ROI no viene pegado en la caja

Una vez que una empresa reconoce que necesita renovar parte de sus computadores, aparece otra pregunta que seguramente le interesa más al área financiera que cualquier ficha técnica: ¿cómo saber si la inversión realmente valió la pena?

Aquí entra en juego el retorno de la inversión (ROI), un indicador que permite evaluar los beneficios obtenidos frente a los recursos destinados a una adquisición.

Morales explica que existen herramientas para realizar este tipo de cálculos, pero advierte que no hay una respuesta universal. Los resultados dependen de las necesidades de cada organización y de los factores que decida evaluar.

Algunas mejoras pueden identificarse con relativa facilidad, como menores tiempos de respuesta, reducción de latencia o una mejor experiencia de trabajo. Otras, según el ejecutivo, son menos evidentes.

Al referirse a los beneficios de una modernización, Morales reconoce que “hay algunos que no son tan obvios de cuantificar”.

La seguridad informática es uno de los aspectos que recomienda considerar. Controles de acceso, cifrado de información y mecanismos de respaldo pueden resultar determinantes para proteger datos sensibles y preservar la continuidad de las operaciones.

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Eso sí, estas medidas no aparecen automáticamente por comprar computadores nuevos. Forman parte de una estrategia tecnológica más amplia que debe acompañar la actualización de la infraestructura.

Morales recuerda que una vulneración de seguridad puede convertirse en un problema especialmente complicado para una pyme o una startup, sobre todo cuando afecta sus operaciones durante varios días.

De ahí que evaluar una inversión tecnológica no consista únicamente en comparar el precio de dos computadores. También importa identificar qué procesos necesitan mejorar, qué limitaciones tienen los equipos actuales y qué riesgos deben atenderse.

¿Y cuánto tiempo necesita una empresa para recuperar lo invertido? Morales no establece un plazo determinado. Su recomendación consiste en utilizar indicadores y herramientas que permitan valorar los resultados según las características de cada operación.

No todos necesitan un PC con esteroides

Ahora viene una parte que puede resultar especialmente atractiva para quienes están pensando en renovar sus equipos, pero no quieren vaciar el presupuesto de tecnología.

No todos los empleados necesitan el mismo computador.

Pensemos en los diferentes perfiles que pueden existir dentro de una organización. Un trabajador administrativo necesita un equipo confiable para sus aplicaciones habituales. Alguien que pasa buena parte de su jornada fuera de la oficina seguramente dará más importancia a la batería, la movilidad y las conexiones seguras.

Por otro lado, un profesional que trabaja con múltiples aplicaciones simultáneamente puede necesitar mayor capacidad de procesamiento y memoria. Los especialistas técnicos también pueden requerir equipos preparados para tareas más exigentes.

Morales distingue precisamente estos perfiles al explicar por qué las empresas deberían evitar una renovación indiscriminada. Incluso dentro de un mismo grupo de trabajadores, las necesidades pueden variar.

Como señala el ejecutivo, “no todos los trabajadores de oficina tienen el mismo nivel de acceso”.

Esta diferencia importa porque comprar equipos idénticos para toda la organización no garantiza que todos los trabajadores tengan la tecnología adecuada.

La alternativa que propone Morales consiste en evaluar las funciones, aplicaciones y necesidades de cada perfil para determinar qué equipos deben renovarse primero.

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Una empresa podría priorizar a los empleados que trabajan con aplicaciones críticas, a quienes requieren mayor capacidad de procesamiento o a aquellos cuyas funciones demandan condiciones especiales de movilidad y seguridad.

En lugar de reemplazar toda la infraestructura de golpe, es posible establecer prioridades y avanzar progresivamente.

Así poco a poco le vas dando la vuelta a toda la base instalada, pero no lo haces de una y vas definiendo prioridades”

José Morales, director de System Channel de SMB de AMD

Esta recomendación también ayuda a enfrentar una de las preocupaciones que surgen con la velocidad del desarrollo tecnológico: el temor a invertir en computadores que podrían quedar rezagados frente a nuevas generaciones de equipos.

La respuesta no necesariamente consiste en esperar indefinidamente ni en comprar siempre el modelo más avanzado. Se trata de identificar qué necesita cada trabajador y qué capacidades permitirán a la empresa cumplir sus objetivos.

La IA entra al presupuesto, pero no manda sola

La inteligencia artificial también está cambiando las necesidades tecnológicas de las empresas. Sin embargo, Morales considera que antes de pensar en nuevos equipos resulta necesario identificar qué tareas pueden beneficiarse de estas herramientas.

El ejecutivo menciona ejemplos cotidianos, como generar resúmenes de reuniones virtuales, mejorar la redacción de correos electrónicos o apoyar determinadas actividades empresariales.

De hecho, durante la conversación reconoce que él mismo utiliza herramientas de inteligencia artificial para revisar sus comunicaciones.

“Yo sigo redactando mis comunicaciones”, explica, al señalar que estas herramientas pueden ayudarle a identificar enfoques o detalles que inicialmente había pasado por alto.

Son ejemplos que muestran cómo la IA puede incorporarse a las actividades de trabajo sin necesidad de comenzar por proyectos especialmente complejos.

En cuanto al hardware, AMD cuenta con familias de procesadores Ryzen AI, que incorporan capacidades para ejecutar determinadas tareas de inteligencia artificial localmente.

Morales destaca el interés por desarrollar aplicaciones dentro de entornos controlados, especialmente cuando las empresas manejan información sensible que no necesariamente desean procesar mediante servicios externos.

Pero tener computadores preparados para nuevas tecnologías no significa que todas las implementaciones deban realizarse inmediatamente.

Antes de extender una solución a toda la organización, el ejecutivo recomienda comenzar con pruebas de concepto o proyectos piloto que permitan evaluar su funcionamiento y ajustar la implementación según las necesidades de cada empresa.

Para Morales, “siempre tener una prueba de concepto ayuda mucho”.

Esta aproximación permite comprobar cómo responde una aplicación antes de incorporarla a procesos más amplios, especialmente cuando están involucradas operaciones financieras, datos de clientes o sistemas empresariales importantes.

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Y esa recomendación termina conectando con el dilema que atraviesa toda la entrevista: la tecnología avanza rápidamente, pero las empresas no tienen por qué reemplazar todos sus computadores cada vez que aparece una novedad.

La clave está en reconocer cuáles equipos ya no cumplen su función, qué capacidades necesitarán los trabajadores y cómo distribuir las inversiones según las prioridades del negocio.

Después de todo, tener el PC más reciente no garantiza que una empresa trabaje mejor. Pero aferrarse a uno que ya no da la talla tampoco es necesariamente una forma inteligente de ahorrar.

José Morales – Director de System Channel de SMB de AMD para América Latina, es un ejecutivo senior con una sólida trayectoria en la industria de la tecnología, la computación y los semiconductores. Cuenta con amplia experiencia en gestión comercial, negociación, liderazgo de equipos, desarrollo de talento y planificación estratégica.

Es máster en Administración de Empresas por el Tecnológico de Monterrey (ITESM), México, y cuenta con una certificación en Liderazgo de la Universidad de Texas en Austin (UT Austin). Su trayectoria se ha enfocado en el desarrollo de negocios, la gestión de equipos comerciales y el impulso de estrategias de crecimiento en el sector tecnológico.

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