No necesitas vivir a oscuras para ahorrar luz: estos cambios pueden aliviar tu factura.
No necesitas convertir tu casa en una cueva, despedirte del aire acondicionado ni desconectar la nevera para intentar que la factura de la luz deje de darte sustos. Sin embargo, consumir más electricidad de lo habitual ahora podría costarte más dinero, y no precisamente porque hayas comprado otro electrodoméstico.
Desde septiembre de 2026, Colombia cuenta con un programa de ahorro energético de la Comisión de Regulación de Energía y Gas (CREG) que contempla cobros adicionales para determinados usuarios que superen el 110 % de su meta individual de consumo.
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La buena noticia es que existen medidas para controlar el gasto eléctrico sin renunciar a las comodidades del hogar. Y varias comienzan por entender qué hacen tus electrodomésticos mientras tú estás ocupado con otras cosas.

¿Cuándo te pueden cobrar más por consumir electricidad?
La medida está contemplada en la Resolución CREG 101 120 de 2026, modificada por la Resolución 101 126 del mismo año. Su propósito es incentivar un uso más eficiente de la electricidad y reducir la presión sobre el sistema energético colombiano.
Pero hay un detalle que conviene entender: no significa que toda la energía vaya a costar más ni que exista un mismo límite de consumo para todos los hogares.
Cada usuario incluido en el programa tiene una meta calculada a partir de su historial de consumo. Para determinarla, se toman como referencia los consumos diarios registrados durante los 12 meses anteriores al inicio de la medida.
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Por ejemplo, imagina que tu hogar tiene una meta de 200 kilovatios hora (kWh) para un ciclo de facturación. En ese caso:
- Si consumes 200 kWh, no tendrás ningún cobro adicional por el programa.
- Si llegas a 220 kWh, tampoco habrá recargo, porque estás dentro del margen permitido del 110 %.
- Si consumes 230 kWh, el cobro adicional se calculará únicamente sobre los 10 kWh que superan ese límite.
El valor del recargo depende del tipo de usuario y de su tarifa de referencia. Para los hogares de estratos 1, 2 y 3 se aplica un factor de 1,30 sobre la energía excedente; para los estratos 4, 5 y 6, el factor es de 1,50. Esto no significa que toda la factura aumente un 30 % o un 50 %.
El programa comenzó el 1 de septiembre de 2026 y tiene una duración inicial de seis meses, aunque puede prorrogarse o terminar anticipadamente. Su primer ciclo de facturación es pedagógico: el posible recargo aparece como información, pero no constituye un valor por pagar.
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La regulación tampoco se aplica indiscriminadamente. Existen excepciones para ciertos usuarios, incluidos aquellos que requieren equipos eléctricos indispensables por condiciones médicas debidamente acreditadas y usuarios de municipios afectados por el sismo de agosto de 2026.
¿Cómo conocer tu límite? Consulta la información que suministra tu empresa comercializadora de energía sobre tu meta individual. La CREG exige que las compañías expliquen esa meta y cómo interpretarla. Compararla con los kWh registrados en tus facturas te permitirá identificar si estás aumentando el consumo.
Cómo gastar menos energía sin renunciar a tus electrodomésticos
Antes de empezar a desenchufar todo lo que encuentres, conviene identificar dónde se concentra realmente el consumo. Una nevera trabaja día y noche, mientras que una lavadora funciona por ciclos. El aire acondicionado, por su parte, puede acumular muchas horas de uso sin que apenas lo notes.
La cantidad de electricidad que consume cada aparato depende de su potencia, eficiencia, tecnología y tiempo de funcionamiento. Por eso, no existe una lista universal de los equipos que más gastan en todas las viviendas.
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Estas son algunas medidas que puedes poner en práctica.
- Nevera: revisa que los empaques de las puertas sellen correctamente, evita mantenerla abierta durante demasiado tiempo y deja enfriar los alimentos calientes antes de guardarlos. Estas prácticas ayudan a reducir el esfuerzo del sistema de refrigeración.
- Lavadora: procura aprovechar su capacidad sin sobrecargarla, utiliza el programa adecuado para cada tipo de ropa y evita ciclos innecesarios. Si tu equipo calienta agua, elegir temperaturas más bajas cuando sea apropiado también puede reducir el consumo.
- Secadora: limpia el filtro de pelusas, evita secar la ropa más tiempo del necesario y aprovecha el secado al aire cuando sea posible. Si dispone de sensores de humedad, estos pueden ayudar a detener el proceso cuando la ropa esté seca.
- Aire acondicionado: mantén limpios los filtros, realiza el mantenimiento recomendado y evita programar temperaturas excesivamente bajas. Si hay puertas o ventanas abiertas, el equipo tendrá que trabajar más para mantener la temperatura interior.
También merece la pena revisar los aparatos que permanecen conectados aunque no estén en uso. Algunos televisores, consolas y dispositivos electrónicos consumen energía en modo de espera. Desconectar los que no necesitas mantener encendidos puede ayudar, aunque el ahorro dependerá de cada equipo.
No todas estas acciones producirán el mismo resultado. Si el aire acondicionado representa buena parte del consumo de una vivienda, ajustar su funcionamiento probablemente tendrá más impacto que desconectar un pequeño cargador.
La idea no es perseguir cada vatio como si fuera un villano de videojuego, sino identificar dónde puedes reducir consumos innecesarios sin complicarte la vida.
¿Tu electrodoméstico está gastando más de lo necesario?
Un aparato puede funcionar perfectamente y, aun así, consumir más electricidad que otro capaz de realizar la misma tarea.
La antigüedad influye, pero no es el único factor. También importan la capacidad, el diseño y la eficiencia energética. Por eso, antes de pensar en reemplazar un electrodoméstico, conviene investigar cuánta energía utiliza realmente.
En Colombia existe el Reglamento Técnico de Etiquetado (RETIQ), que permite consultar información sobre el desempeño energético de determinados equipos. Sus etiquetas facilitan la comparación entre productos, aunque es importante revisar las condiciones y unidades utilizadas para medir el consumo.
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No basta con fijarse en una letra o en una promesa de ahorro. Un aparato de mayor capacidad puede consumir más energía total que otro pequeño, incluso si tiene una clasificación eficiente. Lo importante es comparar equipos que respondan a necesidades similares.
Por ejemplo, Mabe afirma que algunas de sus tecnologías permiten alcanzar ahorros energéticos de hasta el 67 % en neveras, el 56 % en equipos de lavado y secado y el 70 % en aires acondicionados.
Sin embargo, estos porcentajes corresponden a modelos y condiciones específicas reportadas por el fabricante. No significan que comprar uno de esos electrodomésticos vaya a reducir automáticamente tu factura en esos porcentajes.
El consumo real dependerá, entre otros factores, de cuánto utilices el aparato, dónde esté instalado y cuáles sean tus hábitos.
¿Cuándo vale la pena cambiar un electrodoméstico?
La respuesta no debería depender únicamente de los años que lleva acompañándote.
Si tu nevera presenta fallas frecuentes, su consumo eléctrico es elevado o necesita reparaciones costosas, podría ser razonable compararla con alternativas más eficientes. Lo mismo ocurre con una lavadora o un aire acondicionado que ya no funcionan correctamente.
Pero reemplazar un equipo también supone un gasto que debe justificarse.
Imagina que una nevera nueva permite ahorrar 20 kWh al mes frente a la que tienes actualmente. Para calcular el ahorro económico aproximado, debes multiplicar esos 20 kWh por el precio aplicable de la electricidad.
Luego puedes comparar esa cantidad con el costo de comprar el nuevo aparato. Así tendrás una idea más clara del tiempo que necesitarías para recuperar la inversión mediante el ahorro energético.
En otras palabras, un electrodoméstico no cuesta solamente lo que pagas en la tienda. También cuesta la electricidad que consume durante sus años de funcionamiento.
Andrés Santana, gerente de Sustentabilidad de Mabe, plantea que controlar el consumo empieza por conocer qué equipos utilizamos, durante cuánto tiempo funcionan y qué tan eficientes son. Esa información, señala, ayuda a tomar mejores decisiones tanto en el uso cotidiano como al renovar un aparato.
Una buena forma de comenzar es comparar las facturas de los últimos meses, revisar los equipos que más utilizas y modificar algunos hábitos. Después podrás observar si los kWh consumidos disminuyen.
Porque hay una diferencia importante entre pagar menos por consumir menos energía y evitar un cobro adicional de la CREG. Lo primero también depende de otros componentes de la factura; lo segundo requiere mantenerse dentro del margen establecido para cada usuario.
Y si consigues reducir tu consumo por debajo del 90 % de tu meta, el programa contempla la posibilidad de recibir un reconocimiento económico, financiado con los recargos recaudados a otros usuarios. Ese beneficio no está garantizado y depende de los recursos disponibles en el correspondiente mercado de comercialización.
¿Sabías que?
Lavar la ropa con agua fría puede representar un ahorro energético considerable cuando utilizas una lavadora que calienta el agua. Según el Departamento de Energía de Estados Unidos, pasar de un lavado con agua caliente a uno con agua tibia puede reducir hasta la mitad la energía utilizada en esa carga, mientras que emplear agua fría permite ahorrar todavía más.
Esto ocurre porque calentar el agua requiere energía adicional, independientemente del movimiento del tambor. Por supuesto, no todas las prendas deben lavarse de la misma manera y algunas requieren temperaturas específicas. Pero cuando el tipo de ropa y las recomendaciones del fabricante lo permiten, cambiar la temperatura del lavado puede ser una de esas pequeñas decisiones que terminan haciendo una diferencia en el consumo eléctrico.