La inteligencia artificial ya es cómplice de los infieles: hace más que escribir mensajes para conquistar.
Imagina que estás coqueteando con alguien en una aplicación de citas. Sus mensajes son ingeniosos, siempre encuentra las palabras perfectas y parece saber exactamente qué decir para mantener tu interés. Todo marcha de maravilla, hasta que descubres que buena parte de esa conversación no la escribió esa persona, sino una inteligencia artificial. Y quizá ni siquiera se le ocurrió cómo invitarte a salir.
Pues bien, la IA está encontrando un nuevo oficio: ayudar a los infieles a conquistar amantes. Y parece que algunos ya se acostumbraron a tener un asistente que les hace parte del trabajo sucio. Una encuesta de Gleeden, plataforma especializada en encuentros extramaritales, encontró que el 65 % de sus usuarios consultados reconoce haber utilizado inteligencia artificial para desenvolverse en aplicaciones de citas.
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La tecnología se está convirtiendo en una especie de Cyrano de Bergerac digital. Solo que, en lugar de susurrar versos románticos desde un balcón, ahora puede escribir mensajes de coqueteo, mejorar fotografías y aconsejar cómo proponer una cita clandestina. Eso sí, la estrategia tiene un pequeño inconveniente: no todo el mundo quiere ser conquistado por un algoritmo.

De la foto de perfil a la cita clandestina: la IA tiene trabajo
Conquistar a alguien en internet empieza mucho antes del primer mensaje. Hay que elegir una fotografía, escribir una biografía interesante y encontrar una manera de destacar entre tantos perfiles. Y algunos usuarios de Gleeden han decidido que, si la inteligencia artificial puede ayudarles con todo eso, ¿por qué no aprovecharla?
El 35 % de los encuestados utiliza prompts para mejorar sus biografías. La intención es sencilla: parecer más interesante, divertido o misterioso. En otras palabras, dejar que la IA se encargue de encontrar la mejor forma de vender sus encantos.
La cosa también pasa por las fotografías. La mitad de los participantes reconoce haber utilizado inteligencia artificial para retocar sus imágenes, desde mejorar rasgos físicos hasta eliminar elementos o personas que aparecen en ellas. Porque aparentemente ya no basta con elegir el mejor ángulo: ahora también se puede contratar a un algoritmo para ayudar con la primera impresión.
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Pero el trabajo de la IA no termina cuando alguien consigue un match. Ahí comienza otra misión: evitar que la conversación muera antes de llegar a alguna parte.
El 35 % de los usuarios consultados recurre a estas herramientas para escribir primeros mensajes basados en los intereses de la persona que quiere conquistar. Otro 25 % las utiliza para intentar revivir conversaciones que perdieron ritmo o se quedaron sin respuesta.
Y cuando llega el momento de hablar de intenciones, el asistente también entra en escena.
Entre el 30 % y el 45 % de los hombres adultos encuestados reconoce utilizar inteligencia artificial para abordar conversaciones incómodas, como explicar que no está buscando una relación convencional o que prefiere un encuentro sin compromiso.
Incluso hay quienes le consultan cuándo dar el siguiente paso. El 25 % de los participantes utiliza IA para encontrar las palabras y el momento adecuado para proponer una cita privada y discreta.
Así que el algoritmo no solamente ayuda a romper el hielo. También puede participar en la preparación de un encuentro que, en ciertos casos, alguien preferiría mantener lejos de las miradas indiscretas.
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La IA puede conseguirte más matches, pero también arruinarte el romance
Hasta aquí, utilizar inteligencia artificial para ligar podría parecer un negocio redondo. Y algunos participantes tienen cifras que, al menos desde su experiencia, parecen darles la razón.
Cerca del 70 % de quienes utilizaron IA para mejorar sus perfiles o iniciar conversaciones afirma que consiguió más matches y respuestas más rápidas.
Hay una precisión importante: estos resultados son declaraciones de los propios usuarios. No demuestran que la inteligencia artificial sea la responsable directa del aumento de coincidencias, ni que esas conversaciones hayan terminado en encuentros reales.
Pero conseguir la atención de alguien es una cosa. Descubrir quién está realmente detrás de los mensajes es otra muy diferente.
Más del 60 % de las mujeres encuestadas considera decepcionante o una falta de respeto descubrir que los primeros mensajes de un pretendiente fueron escritos por inteligencia artificial.
Y ahí está la ironía de toda esta historia: alguien puede utilizar IA para parecer más encantador, pero terminar perdiendo precisamente aquello que intentaba conseguir si la otra persona descubre el truco.
Piénsalo de esta manera. Una cosa es pedirle a ChatGPT que te ayude a corregir un mensaje antes de enviarlo. Otra, bastante distinta, es dejar que una máquina decida cómo coquetear, qué bromas hacer y qué personalidad proyectar.
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En ese segundo escenario, la persona que está al otro lado podría terminar sintiendo atracción por una versión de su pretendiente que existe principalmente en una conversación generada con inteligencia artificial.
Y si las cosas avanzan hasta una cita presencial, aparece una dificultad inevitable: no hay un botón para copiar y pegar el carisma de un chatbot en la vida real.
Esto no significa que la IA esté provocando más infidelidades. La encuesta, realizada en línea entre el 9 y el 21 de agosto de 2026 a 16.500 usuarios de Gleeden, según los datos proporcionados por la plataforma, únicamente permite observar cómo algunos de sus participantes están incorporando estas herramientas a sus interacciones románticas.
Lo que sí deja sobre la mesa es una contradicción bastante humana: queremos causar una buena impresión, pero también esperamos que la persona que nos conquista sea auténtica.
La inteligencia artificial puede encontrar las palabras perfectas para iniciar una aventura. El verdadero problema comienza cuando toca demostrar que detrás de esas palabras también hay alguien interesante.
¿Sabías que?
Mucho antes de ChatGPT, la literatura ya había imaginado una situación parecida. En la obra Cyrano de Bergerac, estrenada en 1897 por Edmond Rostand, su protagonista ayuda a otro hombre a conquistar a Roxane utilizando su talento para escribir y expresarse. La historia ha terminado dando nombre al llamado efecto Cyrano, utilizado en investigaciones sobre inteligencia artificial y aplicaciones de citas.
Una investigación publicada en julio de 2026 en Telematics and Informatics examinó cómo los asistentes de IA participan en la elaboración de mensajes románticos y las tensiones de autenticidad que pueden surgir. Al parecer, el viejo problema de enamorarse de las palabras de alguien que no las escribió sigue vigente. Lo único que cambió fue el escritor fantasma: ahora puede ser un algoritmo.