El futuro no es un reloj más inteligente: es uno que siga entendiéndote con los años

Foto perfil Cristian Serrano
13 Min de lectura

Tu cuerpo cambia con los años: la tecnología también está aprendiendo a hacerlo.

Hoy puedes leer una notificación de un vistazo, tocar una pantalla diminuta mientras caminas y pasar todo el día sin pensar demasiado en cómo utilizas la tecnología. Dentro de 10, 20 o 30 años probablemente seguirás queriendo hacer muchas de esas cosas. Lo que no necesariamente será igual eres tú.

Y ahí aparece una pregunta que la industria tecnológica tendrá que responder cada vez con más frecuencia: ¿por qué siempre deberíamos ser nosotros quienes aprendemos a adaptarnos al dispositivo?

Una pantalla más visible, varias formas de controlar una interfaz, mayor autonomía o un reloj capaz de reaccionar ante una caída pueden parecer características independientes. Vistas juntas cuentan otra historia: la tecnología empieza a tener herramientas para acompañar a una misma persona mientras cambian sus capacidades, preferencias y rutinas.

No estamos hablando de fabricar un “modo para viejos”. Estamos hablando de algo bastante más interesante: diseñar dispositivos que no dejen de entendernos simplemente porque cumplimos años.

Galaxy Watch9
Galaxy Watch 9 tiene un diseño colorido / Oficial Samsung

La tecnología también tendrá que aprender a envejecer con nosotros

Colombia ofrece una buena razón para empezar a tener esta conversación desde ahora.

Las proyecciones actualizadas del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) muestran que el envejecimiento de la población se está acelerando. Para 2036, las personas adultas mayores representarían el 18,2 % de la población, superando por primera vez al 17,9 % correspondiente a los menores de 15 años. En la definición utilizada por la entidad, una persona mayor es aquella que tiene 60 años o más.

No es únicamente una pirámide poblacional cambiando de forma.

Significa que millones de personas pasarán más años interactuando con aplicaciones, teléfonos, relojes, televisores, sistemas bancarios y servicios digitales. Y esas interfaces tendrán que convivir con algo que a veces olvidamos cuando estrenamos un gadget: las personas no permanecemos congeladas en la misma versión durante toda la vida.

Colombia ya cuenta con una Política Pública Nacional de Envejecimiento y Vejez 2022-2031 enfocada, entre otros objetivos, en una vejez digna, autónoma e independiente. Además, el CONPES 4143, aprobado en febrero de 2025, estableció la Política Nacional de Cuidado y reconoce el derecho a cuidar, recibir cuidado y ejercer el autocuidado.

La tecnología no resuelve por sí sola ninguno de esos retos. Pero sí puede decidir si ayuda o pone otra barrera en el camino.

Una pantalla más brillante también puede ser accesibilidad

Cuando una compañía anuncia que una pantalla alcanza 3.000 nits, es fácil leer el número, pensar “más brillo” y continuar hacia la siguiente especificación.

Pero las especificaciones adquieren otro significado cuando dejamos de mirarlas únicamente como una carrera de números.

El Galaxy Watch 9, por ejemplo, utiliza una pantalla que puede alcanzar hasta 3.000 nits de brillo y se ofrece en tamaños de 40 y 44 milímetros. Samsung plantea ese brillo como una mejora de visibilidad incluso bajo luz solar intensa.

Hoy quizá agradeces poder leer un mensaje mientras caminas bajo el sol de mediodía. Con los años, una pantalla con buen contraste y suficiente luminosidad puede resultar todavía más importante simplemente para identificar la información sin tener que pelear con ella.

Ese es uno de los cambios de perspectiva interesantes alrededor de la accesibilidad: no todas sus mejoras tienen una enorme etiqueta que diga “accesible”.

Una tipografía legible, suficiente brillo, buenos contrastes, controles claros y una interfaz que no esconda lo importante detrás de seis menús también cuentan.

Tus dedos no deberían ser la única forma de hablar con un dispositivo

Durante años, la pantalla táctil se convirtió casi en sinónimo de tecnología intuitiva.

Hasta que recordamos algo bastante obvio: no todas las manos interactúan de la misma manera.

Dentro del ecosistema Galaxy Watch, Samsung desarrolló Gestos Universales, una función de accesibilidad que permite navegar mediante movimientos como cerrar la mano o hacer un gesto de pellizco, sin depender exclusivamente de tocar la pantalla o presionar botones. La compañía la introdujo precisamente como una alternativa a los métodos convencionales de interacción.

La idea detrás de una función así es más importante que el gesto concreto.

Una interfaz verdaderamente adaptable no debería obligar a todo el mundo a aprender una única manera “correcta” de utilizarla.

Pantalla, botones, movimientos, voz: cuantos más caminos razonables existan para conseguir el mismo resultado, menor es la posibilidad de que un cambio físico convierta una tarea sencilla en un problema innecesario.

Samsung está explorando incluso interacciones menos dependientes del tacto en sus modelos más recientes. Galaxy Watch9 incorpora Raise to Talk, que permite acercar la muñeca a la boca y comenzar a hablar con Gemini sin tocar un botón ni utilizar una frase de activación.

Tal vez la interfaz más avanzada no sea la que tenga más botones.

Puede ser la que necesite menos.

La batería también importa más de lo que parece

La autonomía suele entrar en las comparaciones de productos como una cifra más. Pero también determina cuánto puede integrarse realmente un dispositivo a una rutina.

Galaxy Watch 9 incorpora una batería de 390 mAh en su versión de 40 mm y 445 mAh en la de 44 mm. Samsung señala además que la batería del modelo de 40 mm aumentó un 20 % frente a la generación anterior.

¿Y qué tiene que ver eso con envejecer?

Más de lo que parece.

Un reloj que se utiliza durante el día y también durante la noche puede registrar actividad, descanso y otros indicadores durante periodos más continuos. Cuanto menos dependa la experiencia de estar recordando constantemente que hay que quitarlo para cargarlo, más fácil resulta incorporarlo a la rutina.

Aquí tampoco existe una solución mágica: cualquier dispositivo necesita energía y la duración real cambia según el uso.

Pero hay una idea de diseño interesante: la mejor tecnología de acompañamiento debería pedir atención únicamente cuando realmente la necesita.

Una caída puede convertir un reloj en algo más que una pantalla

Hay funciones cuyo significado cambia radicalmente dependiendo del momento de la vida.

La detección de caídas graves de Galaxy Watch 9 y Galaxy Watch Ultra 2 puede activar mecanismos de emergencia cuando el reloj identifica un evento de este tipo, siempre que la herramienta se encuentre configurada correctamente. También existen opciones para establecer contactos de emergencia y solicitar ayuda desde la muñeca.

Eso no convierte al reloj en un cuidador ni garantiza que detectará cualquier accidente.

Tampoco debería entenderse como una herramienta para vigilar constantemente a una persona mayor.

La lectura mucho más útil es otra: la tecnología puede añadir una ruta adicional para pedir ayuda sin quitar autonomía a quien la utiliza.

Una persona que vive sola, alguien que sale a correr o simplemente quien quiere contar con una opción adicional ante una emergencia pueden encontrar valor en exactamente la misma función.

La edad puede cambiar el contexto. No necesariamente la herramienta.

Medir veinte cosas sirve de poco si ninguna se entiende

Los primeros wearables estaban obsesionados con contar.

Pasos. Calorías. Pulsaciones. Horas de sueño.

La siguiente evolución está intentando resolver un problema bastante más complicado: qué hacemos con todos esos números.

Samsung Health reúne información relacionada con actividad, sueño y diferentes indicadores de bienestar, mientras que sus versiones más recientes están utilizando inteligencia artificial para convertir parte de esos datos en información más comprensible y personalizada. Samsung ha incorporado herramientas como Vitals y nuevas métricas destinadas a contextualizar la actividad y el estado físico en lugar de limitarse a enseñar cifras aisladas.

En Colombia, Galaxy Watch9 también ha incorporado herramientas de monitoreo como presión arterial, ritmo cardíaco y detección de apnea del sueño bajo sus correspondientes requisitos de compatibilidad y uso.

Y aquí hay una frontera que no conviene borrar.

Un reloj puede ofrecer información sobre tu cuerpo; no sustituye a un médico.

Samsung presenta estas herramientas como complementarias al seguimiento profesional y no como sistemas que deban utilizarse por sí solos para establecer diagnósticos o tratamientos.

La verdadera evolución, entonces, no consiste únicamente en poner más sensores sobre la muñeca.

Consiste en lograr que el usuario pueda entender mejor qué le están diciendo.

Diseñar para envejecer no significa diseñar únicamente para personas mayores

Probablemente esta sea la idea más importante de toda la conversación.

Envejecer no es algo que comienza el día en que alguien cumple 60 años.

La política colombiana de envejecimiento lo aborda como un proceso que transcurre a lo largo de la vida, con transformaciones que además no ocurren de la misma manera ni al mismo ritmo en todas las personas.

Eso cambia bastante la forma de pensar la tecnología.

Una persona puede necesitar textos más grandes mucho antes que otra. Alguien puede agradecer controles por gestos debido a una limitación temporal. Otra persona puede querer una alerta de emergencia después de una cirugía. Y alguien de 75 años puede moverse perfectamente por una interfaz que desespera a una persona de 30.

Edad y capacidad no son sinónimos.

Por eso diseñar tecnología para una sociedad que envejece no debería consistir en crear dispositivos simplificados y apartarlos en una categoría especial.

La oportunidad es mucho más ambiciosa: crear productos suficientemente flexibles para que cada persona pueda decidir cómo quiere utilizarlos en diferentes momentos de su vida.

Galaxy Watch9 es apenas un ejemplo de esa dirección. El brillo de una pantalla, la batería, los gestos alternativos, las herramientas de emergencia y la forma de presentar información de bienestar parecen características independientes hasta que las miramos desde esa perspectiva.

Entonces dejan de ser únicamente especificaciones.

Empiezan a parecer formas distintas de decirle al usuario: puedes cambiar y yo intentaré seguir siendo útil.

¿Sabías que?

En Colombia, una persona mayor se define legal y estadísticamente, de manera general, como aquella que tiene 60 años o más. Pero el propio enfoque de envejecimiento utilizado por las autoridades no plantea que el proceso comience en ese cumpleaños: se desarrolla a lo largo de todo el curso de vida y puede avanzar de maneras diferentes en cada persona.

Quizás esa sea también una buena manera de pensar el futuro de nuestros dispositivos. Tu teléfono recibe actualizaciones. Tu reloj también. Tú cambias continuamente aunque la vida no muestre una barra de progreso. La tecnología que realmente consiga acompañarnos durante décadas tendrá que ser capaz de adaptarse a esa versión de nosotros que todavía no conocemos.

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