Dos personas pueden abrir ChatGPT, hacer una consulta sobre el mismo tema y terminar con resultados completamente diferentes. Una acepta la primera respuesta que aparece en pantalla; la otra la cuestiona, contrasta información y utiliza la herramienta para encontrar una solución más completa.
Esa diferencia podría convertirse en una de las nuevas brechas digitales de esta generación. La inteligencia artificial está llegando a más colegios, universidades y empresas, pero tener acceso a ella no significa necesariamente saber aprovecharla. Y mientras su uso se extiende, organizaciones como Deloitte y la OCDE están advirtiendo sobre la importancia de desarrollar habilidades que van mucho más allá de escribir instrucciones para un chatbot.
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Durante décadas, la brecha digital estuvo relacionada principalmente con tener un computador, disponer de internet o contar con dispositivos tecnológicos. Esas desigualdades todavía existen, pero ahora se suma otro desafío: aprender a utilizar sistemas que pueden ayudarnos a investigar, crear y resolver problemas, aunque también pueden equivocarse y entregar información poco confiable.

La IA llega a más trabajadores, pero no todos la utilizan
Las empresas están descubriendo que proporcionar herramientas de inteligencia artificial a sus empleados es apenas una parte del trabajo. La otra, posiblemente más compleja, consiste en conseguir que esas tecnologías encuentren un lugar útil dentro de sus actividades cotidianas.
De acuerdo con el informe The State of AI in the Enterprise 2026, de Deloitte, el acceso de los trabajadores a herramientas de IA autorizadas por sus compañías aumentó un 50 % durante 2025. La proporción pasó de menos del 40 % a cerca del 60 %.
Sin embargo, menos de seis de cada diez trabajadores con acceso utilizan estas herramientas diariamente en sus labores. El dato procede de una investigación que consultó a 3.235 directivos empresariales y tecnológicos de 24 países, y muestra que la disponibilidad de IA está creciendo más rápido que su integración cotidiana en el trabajo. Deloitte+1
Esto no significa que todos los empleados deban utilizar inteligencia artificial cada día. Hay tareas que no la necesitan y otras en las que su uso puede resultar inconveniente. Pero el contraste plantea una pregunta interesante: ¿cuántas oportunidades se están desaprovechando simplemente porque las personas no saben cuándo, cómo o para qué utilizar estas herramientas?
El estudio también identifica la falta de habilidades como la principal barrera señalada por los directivos para integrar la IA en los procesos de sus organizaciones. Tener la tecnología disponible, por sí solo, no resuelve esa dificultad.
Saber usar inteligencia artificial no es solamente escribir buenos prompts
Escribir un prompt, es decir, una instrucción para una herramienta de inteligencia artificial, puede parecer una habilidad fundamental. Y ciertamente ayuda saber expresar con claridad lo que necesitamos. Pero dominar una herramienta no consiste únicamente en conseguir que nos entregue una respuesta convincente.
Pensemos en un estudiante que utiliza IA para investigar un acontecimiento histórico. El chatbot puede ofrecerle un resumen muy bien redactado, con fechas, personajes y explicaciones aparentemente correctas. El problema aparece cuando alguna información es falsa y el estudiante no tiene los conocimientos o el criterio necesarios para detectarlo.
La situación cambia cuando esa persona utiliza la respuesta como punto de partida, comprueba los datos en fuentes confiables, identifica posibles contradicciones y decide qué información resulta útil para su investigación. En ambos casos hubo una consulta a la IA, pero el proceso de aprendizaje fue diferente.
Precisamente esa es una de las preocupaciones que motivaron a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y a la Comisión Europea a presentar, en junio de 2026, un marco de alfabetización en inteligencia artificial para educación primaria y secundaria.
La propuesta establece que saber utilizar IA implica comprender, al menos de forma adecuada a la edad y al contexto, cómo funcionan estos sistemas, evaluar críticamente sus respuestas y aprovecharlos de manera creativa y responsable. También contempla reconocer sesgos, valorar sus riesgos y tomar decisiones informadas sobre su utilización. European School Education Platform
Esto tiene una consecuencia práctica: saber cuándo no confiar en una respuesta de la IA puede ser tan importante como saber formular una buena pregunta. También lo es reconocer qué datos personales o información confidencial no deberían compartirse con un chatbot.
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¿Qué deberían enseñar los colegios sobre inteligencia artificial?
La llegada de la IA al salón de clases plantea un reto que no se resuelve únicamente comprando computadores o instalando nuevas aplicaciones. Los docentes necesitan herramientas pedagógicas para integrar estas tecnologías sin convertirlas en un sustituto del razonamiento de sus estudiantes.
Por ejemplo, una actividad escolar podría consistir en pedirle a una IA que explique un fenómeno científico y después solicitar a los alumnos que comprueben sus afirmaciones, identifiquen errores y construyan una explicación propia. La herramienta participa en el proceso, pero el estudiante conserva la responsabilidad de investigar y comprender.
El marco presentado por la OCDE y la Comisión Europea busca precisamente que las instituciones educativas puedan desarrollar este tipo de experiencias de aprendizaje. También reconoce la importancia de preparar a los docentes, establecer objetivos claros y adaptar las competencias a las necesidades de cada comunidad educativa. European Education Area
Desde el sector tecnológico también comienza a reconocerse este desafío. Silvio García, director regional de Acer para Colombia y México, señala en un comunicado compartido con Pixelados que el potencial de la tecnología educativa aparece cuando el acceso está acompañado de habilidades que permiten convertirla en una herramienta real de aprendizaje.
Su planteamiento introduce una discusión que también involucra a los fabricantes de computadores: incorporar dispositivos y soluciones digitales a los colegios no garantiza que los estudiantes desarrollen nuevas capacidades. Para ello se necesitan contenidos pertinentes, conectividad, formación docente y estrategias educativas que aprovechen los recursos disponibles.
Además, no hay que perder de vista que la brecha tradicional sigue abierta. Según datos divulgados por la UNESCO, a escala mundial solo el 40 % de las escuelas primarias y el 50 % de las secundarias inferiores tienen conexión a internet. Enseñar nuevas habilidades de IA será difícil si una parte de los estudiantes todavía no cuenta con las condiciones básicas para acceder a ellas.
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Las habilidades de IA que las empresas empiezan a necesitar
Lo que actualmente se discute en los colegios también tendrá consecuencias en el mundo laboral. Un profesional puede conocer muy bien su oficio y, al mismo tiempo, necesitar aprender cómo incorporar la inteligencia artificial a sus tareas sin comprometer la calidad de su trabajo.
El informe de Deloitte muestra que las organizaciones están empezando a actuar frente a esa necesidad. El 53 % de las empresas encuestadas está formando a su personal para elevar sus conocimientos generales sobre IA, mientras que el 48 % desarrolla estrategias para actualizar las habilidades de sus trabajadores o prepararlos para nuevas funciones. Deloitte US
Esto no implica que todas las profesiones vayan a transformarse de la misma manera. Un comunicador podría utilizar IA para organizar información y encontrar preguntas pendientes en una investigación; un contador, para apoyar la revisión de datos; y un docente, para preparar materiales adaptados a distintos niveles de aprendizaje. En todos esos ejemplos, la utilidad depende de que una persona conozca su campo y pueda supervisar el resultado.
De ahí que algunas de las capacidades más valiosas no estén vinculadas con memorizar comandos específicos. Formular problemas, verificar información, reconocer limitaciones, proteger datos y combinar los resultados de la IA con conocimientos profesionales son habilidades que pueden mantenerse útiles incluso cuando cambien las aplicaciones.
Y probablemente cambiarán. Las herramientas que hoy dominan nuestras conversaciones podrían ser distintas a las que utilicen los estudiantes cuando ingresen al mercado laboral. Por eso, formar a una generación exclusivamente para manejar una plataforma sería una apuesta demasiado limitada.
La próxima brecha digital no se cerrará únicamente repartiendo computadores o entregando licencias de inteligencia artificial. También dependerá de que las personas tengan oportunidades para aprender, experimentar, equivocarse y desarrollar criterio propio. Porque lo que realmente puede marcar una diferencia no es cuántas respuestas conseguimos con IA, sino qué somos capaces de hacer con ellas.
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¿Sabías que?
El marco de alfabetización en inteligencia artificial de la OCDE y la Comisión Europea identifica 19 competencias distribuidas en cuatro dimensiones: interactuar con IA, crear con IA, gestionar IA y dar forma a la IA. Esta última resulta especialmente interesante porque propone que los estudiantes no se limiten a consumir tecnología, sino que comprendan cómo se diseña y qué influencia puede ejercer en la sociedad. European Education Area
La idea es que los jóvenes desarrollen capacidades para participar de manera informada en un mundo donde la inteligencia artificial interviene cada vez más en decisiones cotidianas. Así, la educación no solo buscaría formar personas que sepan utilizar herramientas inteligentes, sino ciudadanos capaces de cuestionar sus resultados, comprender sus consecuencias y participar en las decisiones sobre cómo deberían utilizarse.