Los hogares seguros del futuro no tendrán más ojos: tendrán mejores datos

Foto perfil Cristian Serrano
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Ya no basta con poner una cámara: la nueva seguridad necesita entender lo que está pasando.

Durante mucho tiempo, una cámara de seguridad tenía una tarea bastante básica: grabar. Una cerradura, por su parte, debía impedir el paso. Hoy esos límites empiezan a quedarse cortos.

En ESS+ 2026, que se realiza del 26 al 28 de agosto en Corferias, uno de los temas que atraviesa la conversación sobre ciudades seguras es precisamente ese cambio: dispositivos que ya no solo registran o bloquean, sino que intentan interpretar eventos, verificar identidades, permanecer conectados en más escenarios y administrarse desde un mismo lugar.

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EZVIZ, presente en la feria a través de distribuidores, utiliza su portafolio para aterrizar cuatro tendencias que ayudan a entender hacia dónde se mueve esta industria.

ESS+ 2026 en Corferias
ESS+ 2026 en Corferias / Oficial Corferias

La IA intenta que una cámara avise cuando realmente importa

La inteligencia artificial, la biometría, la administración centralizada y las conexiones móviles están cambiando la seguridad urbana al reducir tareas manuales y permitir que los dispositivos reaccionen con mayor contexto ante lo que ocurre alrededor.

La primera transformación está en la videovigilancia. Detectar movimiento ya no resulta suficiente cuando una rama, una mascota o cualquier cambio de luz puede terminar convertido en una notificación.

Ahí entra la inteligencia artificial aplicada al video. Cámaras como la EZVIZ HB8 Pro 4K pueden distinguir personas y vehículos, realizar seguimiento automático y mantener grabación durante el día mediante su sistema Always-On Video. La E4P, por su parte, combina cobertura panorámica de 360 grados con identificación de personas y detección de sonidos como un cristal que se rompe o un portazo.

La diferencia práctica es importante: una cámara que avisa por todo puede terminar pareciéndose al grupo de chat que nadie vuelve a abrir. El objetivo de estas funciones es intentar separar el ruido de aquello que realmente merece atención.

Cerradura inteligente
Cerradura inteligente que analiza la palma de la mano / Composición de Pixelados creada con IA

Esto no significa que desaparezcan las falsas alarmas. Significa que el software intenta entregar más contexto antes de pedirle a una persona que intervenga.

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La llave deja de ser la única forma de demostrar que eres tú

El segundo cambio ocurre en la puerta.

Las cerraduras inteligentes están incorporando varios métodos de identificación para no depender exclusivamente de una llave física. Los modelos DL50FVS Plus y DL20FVS Plus, por ejemplo, incluyen reconocimiento facial 3D, autenticación mediante las venas de la palma, códigos y administración desde la aplicación.

La llave mecánica sigue existiendo. Lo que cambia es que deja de ser la única credencial disponible.

Paola Rojas, gerente de marketing de EZVIZ, resume esa evolución así: “Las cerraduras inteligentes han evolucionado de ser un dispositivo de apertura a convertirse en un punto de control integral del hogar conectado”.

Y esa definición ayuda a entender el cambio. El acceso ya no termina cuando la puerta se abre: estos sistemas también pueden mostrar quién está afuera, permitir comunicación con visitantes y administrar permisos sin que el propietario tenga que encontrarse físicamente en el lugar.

La comodidad, sin embargo, trae otra responsabilidad. Cuando una cerradura utiliza rostros o patrones vasculares para identificar a una persona, la protección de esos datos pasa a formar parte de la seguridad tanto como el cerrojo.

Más dispositivos obligan a administrar la seguridad desde un mismo lugar

El tercer cambio tiene menos que ver con un sensor específico y más con evitar que cada dispositivo termine viviendo en su propia isla.

A medida que una vivienda, comercio u oficina suma cámaras, cerraduras y otros equipos, la capacidad de gestionarlos desde una sola plataforma empieza a ser tan importante como las funciones individuales de cada uno.

En el ecosistema de EZVIZ, esa tarea recae en su aplicación, desde donde es posible consultar transmisiones en vivo, revisar eventos, recibir notificaciones y administrar equipos conectados.

Más datos: Seguridad 4G: EZVIZ apuesta por la vigilancia sin WiFi

La ventaja no está únicamente en ahorrar aplicaciones en el teléfono. Centralizar información permite entender mejor qué ocurrió y reaccionar sin tener que reconstruir el evento consultando varias herramientas por separado.

“La conversación sobre ciudades seguras ya no gira únicamente alrededor de instalar más dispositivos, sino de contar con tecnologías capaces de comprender lo que ocurre, mantenerse conectadas en distintos escenarios y facilitar la gestión de la seguridad desde cualquier lugar”, afirma Rojas.

La videovigilancia empieza a salir del territorio del Wi-Fi

El cuarto cambio responde a un problema muy cotidiano: no todos los lugares que necesitan vigilancia tienen una conexión fija disponible.

Obras, locales temporales, bodegas, espacios en remodelación o instalaciones alejadas pueden quedar fuera del escenario tradicional de router más cámara Wi-Fi. Por eso las redes móviles empiezan a ocupar un espacio mayor dentro de la videovigilancia.

La HB90X Dual 4G combina Wi-Fi y 4G y puede pasar automáticamente a la red móvil cuando pierde la conexión inalámbrica. La CB2 4G, en cambio, funciona mediante red celular y batería, por lo que puede instalarse en lugares donde directamente no existe Wi-Fi.

Eso amplía las posibilidades de instalación, aunque no elimina la dependencia de infraestructura: simplemente la cambia. Una cámara 4G sigue necesitando cobertura móvil, disponibilidad de red y un plan de datos adecuado.

La tendencia de fondo es clara. Una ciudad segura no depende únicamente de colocar más cámaras o cerraduras, sino de conseguir que esos sistemas entiendan mejor lo que ocurre, compartan información y continúen funcionando en más escenarios.

¿Sabías que?

La primera cámara de red comercial apareció en 1996. Axis Communications lanzó la AXIS NetEye 200, un dispositivo capaz de enviar imágenes a través de una red para que pudieran consultarse desde un navegador. Su velocidad, vista desde 2026, resulta casi arqueológica: podía entregar aproximadamente una imagen cada 17 segundos.

Treinta años después, las cámaras conectadas no solo transmiten video en 4K. También pueden identificar personas, seguir movimientos, analizar sonidos y cambiar entre Wi-Fi y redes móviles. Lo que en los años noventa era simplemente conseguir que una cámara llegara a Internet ahora consiste en decidir qué hacer con toda la información que puede generar.

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