De la prevención a la ciberdefensa activa: por qué las empresas colombianas juegan con reglas viejas

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Germán Patiño de Lumu revela cómo las tácticas silenciosas evaden tus defensas actuales.

Imaginar que un hacker es un tipo con capucha verde que digita líneas de código a la velocidad de la luz en un sótano oscuro es un error de película de los noventa. Hoy, la ciberseguridad en Colombia se enfrenta a un enemigo mucho más corporativo, educado y, sobre todo, desesperantemente silencioso.

La realidad de la delincuencia informática en 2026 no es un despliegue de virus destruyendo pantallas; es una infiltración invisible que ocurre mientras tú estás gritando un gol de la Selección Colombia o revisando tus carpetas de trabajo diarias.

Para entender las dimensiones de este cambio de paradigma, conversamos con Germán Patiño, vicepresidente de ventas para Latinoamérica de Lumu Technologies, una compañía que sigue muy de cerca el pulso a los nuevos desafíos en ciberseguridad a nivel global.

Germán Patiño de Lumu explica en Pixelados la importancia de la ciberseguridad en Colombia y cómo las tácticas de evasión silenciosa, tales como los info healers y el living off the land, están redefiniendo las estrategias de ciberdefensa corporativa y personal en Latinoamérica durante este 2026.

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El peligro de los ataques silenciosos que se confunden con tu rutina diaria

Y aquí es donde la cosa se pone interesante: los ciberatacantes han dejado atrás los ataques ruidosos. Históricamente, la defensa informática se diseñó para detectar anomalías obvias o archivos maliciosos (el clásico malware, el troyano o el virus que hacía sonar las alarmas). Pero los criminales aprendieron a mimetizarse.

Patiño detalla que el gran reto en este momento son las tácticas de evasión silenciosa, lideradas por una tendencia conocida en el argot técnico como living off the land (vivir de la tierra). El concepto proviene de la experiencia del campismo extremo, donde el viajero sobrevive consumiendo únicamente lo que el terreno le ofrece de manera natural.

En la informática, el atacante hace exactamente lo mismo. No introduce herramientas extrañas ni programas sospechosos; en su lugar, utiliza las mismas aplicaciones, contraseñas y conexiones que los empleados de una empresa usan en su día a día.

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Para Patiño, el verdadero problema radica en que, al usar herramientas legítimas como PowerShell o incluso los modelos de lenguaje (LLM) de inteligencia artificial que ya están integrados en las operaciones de la empresa, el tráfico malicioso pasa por natural. Los vigilantes de la red simplemente no lo ven como una anomalía. Es como si el ladrón no rompiera la ventana, sino que se vistiera con el uniforme del conserje para pasearse por los pasillos a plena luz del día. Nadie pregunta nada porque parece que pertenece al lugar.

La realidad es un poco más compleja: gran parte de la infraestructura defensiva de las organizaciones en Colombia sigue buscando un “componente anómalamente dañino” que ya no va a llegar. El ataque moderno no necesita malware para destruir.

La distracción del Mundial 2026 y el mercado negro de datos

El verdadero asunto es entender cómo los atacantes se mueven en medio de olas de atención masiva. Es ahí cuando un Mundial de fútbol no solo es un evento deportivo; es una gigantesca cortina de humo temporal para ciberatacantes.

Mientras la atención de los defensores de TI y de los ciudadanos comunes está dividida en las apuestas, las transmisiones en vivo o las aplicaciones para intercambiar láminas virtuales, los atacantes encuentran su ventana de oportunidad perfecta.

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Durante este inicio de año, Lumu ha registrado un aumento dramático en el tráfico cifrado de dudosa procedencia y en el uso de conexiones VPN genéricas y redes como Tor. Los usuarios instalan aplicaciones de origen dudoso para ver partidos o para organizar pollas mundialistas, sin saber que debajo de la interfaz hay herramientas llamadas info stealers.

Un info stealer se roba credenciales válidas de todo lo que está en tu dispositivo: sitios web, aplicaciones, APIs. El atacante ya no tiene que hacer el esfuerzo de vulnerar la red de tu empresa. Simplemente va a un mercado especializado donde compra, por un puñado de dólares, tus credenciales legítimas. Entra a tu organización con las llaves de la casa”

Germán Patiño, vicepresidente de ventas para Latinoamérica de Lumu Technologies

Este colapso entre la vida personal y laboral facilita el desastre. El dispositivo que se usa para trabajar es el mismo donde se instlaa una app para ver las estadísticas del Mundial. Una vez que el info stealer extrae sus contraseñas, el atacante no tiene que hackear nada; solo inicia sesión.

La velocidad a la que se multiplican estos incidentes es abrumadora. Patiño cita cifras del sistema financiero que reportan cerca de 94 ciberataques por segundo y 63 denuncias diarias de suplantación de identidad en el país.

Son números que, según el experto, apenas muestran la punta del iceberg porque la gran mayoría de las organizaciones no reportan los ataques por temor al daño reputacional. Año a año, el volumen de incidentes ha crecido un 63 %, pero el phishing —potenciado por la inteligencia artificial generativa— se ha disparado un alarmante 133 %.

La IA se convirtió en los anabólicos del cibercrimen. No solo permite redactar correos perfectos y ultra personalizados sin errores ortográficos, sino que industrializa la producción de ataques a la velocidad de la máquina, iterando miles de variantes en segundos.

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¿Por qué la prevención pasiva es una bicicleta estática que nadie pedalea?

Ante este panorama, la defensa parece estar jugando en una liga completamente dispareja. De hecho, Germán Patiño utiliza una analogía fantástica para explicar la diferencia entre adquirir tecnología de punta y operar la seguridad de verdad:

La ciberseguridad cambia cuando tienes una trotadora o una bicicleta estática. Pudiste haber invertido en la máquina más cara del mercado, pero eso no sirve de nada si no te subes a pedalear diariamente. Lo mismo pasa en las empresas: la ciberseguridad es algo que tiene que ser operado y administrado de forma activa las 24 horas, los 7 días de la semana.”

El gran error de muchas pymes y corporaciones es pensar que la ciberseguridad es un gasto intangible y pasivo. Instalan un antivirus, compran un firewall y asumen que tienen cierta inmunidad. Sin embargo, en el mundo real, pensar que estás a salvo porque compraste software es como creer que vas a bajar de peso solo por pagar la membresía del gimnasio.

Además, las barreras de adopción para las empresas son burocráticas. Mientras un atacante usa IA sin pedirle permiso a nadie, una empresa tarda meses en aprobar un presupuesto o pasar una solución de defensa por comités internos. Para cuando implementan la defensa de la versión 1.0, el atacante ya va en la versión 5.0.

A esto se suma el talón de Aquiles de la cadena de suministro. Tras la pandemia, casi cualquier negocio depende de un tercero para cobrar, facturar o despachar. Los atacantes lo saben: para qué chocar de frente contra la robusta muralla de un gran banco si pueden entrar a través del proveedor de cobranzas mediano que tiene pésimas prácticas de seguridad pero acceso directo a la base de datos de la entidad financiera.

En empresas medianas y pequeñas de sectores vulnerables como la salud y la educación, el impacto de un ciberataque es catastrófico en el 86% de los casos, llegando a causar la quiebra total.

El examen de sangre diario como única vía de supervivencia en la red

Esto significa que el enfoque de prevención tradicional está oficialmente muerto. Las organizaciones tienen que pasar del mito de la inmunidad a un estado de resiliencia cibernética basado en una premisa militar: asumir que ya estás comprometido.

Cuando asumes que el atacante ya está dentro o que tu empleado inevitablemente va a caer en un correo de phishing por muy educado que esté, tu prioridad cambia. Ya no gastas toda tu energía en poner candados inútiles; te enfocas en tu capacidad de detectar el movimiento del intruso y reaccionar antes de que despliegue el ransomware.

Para iniciar este camino de ciberdefensa activa, Patiño propone volver a lo básico: la visibilidad. No puedes defender aquello que no conoces. En el plano militar, cualquier campaña exitosa empieza con reconocimiento, inteligencia y vigilancia aérea. En el plano corporativo, funciona igual que cuidar de tu propia salud física. No puedes recetarte medicamentos a ciegas; necesitas hacerte un examen de sangre.

Si las empresas corrieran ese diagnóstico de manera constante y analizaran el tráfico de su red con ojo clínico, sabrían de inmediato qué conexiones extrañas se están realizando tras bambalinas, incluso si viajan de manera cifrada. La ciberseguridad no es un proyecto con fecha de finalización, es un hábito de operación diaria. Si no estás dispuesto a pedalear la bicicleta todos los días, es mejor que te prepares para la caída.

Germán Patiño es ingeniero electrónico de la Universidad El Bosque, en Bogotá, y cuenta con estudios en Prospectiva y Dirección Estratégica, de la Universidad Externado de Colombia, además de ser Coach Ontológico del Instituto Newfield Network y Certificado en Excelencia en la Ejecución, por el Institute for Generative Leadership, en Estados Unidos.
Patiño trabajaba anteriormente como

Director de Ventas Latinoamérica, para Appgate desde el año 2019, en donde lideró un exitoso equipo en el desarrollo comercial de soluciones de ciberseguridad para las organizaciones. Sus habilidades lo llevaron a implementar estrategias con grandes resultados en los diferentes países. Anteriormente trabajó por más de diez años entre Easy Solutions
y Cyxtera.

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