Marathon promete ser el extraction shooter más adictivo del año. ¿Qué lo hace especial? Te lo explicamos todo.
Marathon, el nuevo shooter de extracción de Bungie, llega para demostrar que la fórmula del loot de alto riesgo y el gunplay de clase mundial pueden convivir en el mismo juego sin que ninguno sacrifique al otro.
El género de los extraction shooters está viviendo un momento dulce. Títulos como ARC Raiders o el peculiar Escape From Duckov han revivido el interés por esta propuesta donde cada partida es una apuesta: entras al mapa, recoges lo que puedas y rezas para salir vivo. Pero ninguno de los nuevos competidores ha generado tanto ruido como Marathon, el regreso de Bungie a la creación de universos propios desde el último capítulo de Destiny.
Disparar en Marathon se siente como música
Hay algo que Bungie lleva haciendo mejor que casi cualquier otro estudio desde los tiempos de Halo: hacer que disparar se sienta extraordinariamente bien. En Marathon eso no cambia.
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Cada rifle tiene un chasquido limpio y deliberado al disparar. Los cañones de mano retroceden con una teatralidad que se siente justa, no exagerada. Los escudos de los enemigos crepitan y se rompen con una satisfacción casi táctil, mientras los NPCs acusan cada impacto con animaciones de daño que te confirman que cada bala contó.
Si alguna vez te preguntaste qué hace que un shooter “se sienta bien”, Marathon es casi un estudio de caso en tiempo real. Es como la diferencia entre cortar con un cuchillo de cocina barato y hacerlo con uno japonés bien afilado: técnicamente ambos cortan, pero uno lo hace con una elegancia que no puedes ignorar.

Dicho esto, la calidad del gunplay también arrastra consigo algunas de las deudas históricas de Bungie. La geometría del entorno puede ser tu peor enemigo en los momentos más tensos: bordes invisibles que te frenan, superficies que no deberían bloquearte pero lo hacen, y un sistema de escalada que falla justo cuando más lo necesitas. En el fragor de una emboscada, quedarte atascado en un bordillo mientras tus compañeros caen uno a uno es una frustración que se siente innecesaria.
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Cómo funciona el loop de juego: entra, saquea, sobrevive o muere intentándolo
La estructura de Marathon sigue la fórmula clásica del género: entras a un mapa con tu equipo, recoges recursos y objetos de misión, y tratas de exfiltrar antes de que otro equipo te arruine el plan. Lo que distingue a Marathon es la densidad de su progresión.
Desde las primeras horas, el juego te obliga a gestionar menús con capas de modificaciones, árbol de mejoras y misiones activas, todo mientras estás bajo presión. La curva de aprendizaje es pronunciada: muy poco se explica de forma explícita, y los objetivos de misión dentro del mapa a veces se reducen a un ícono flotante sin contexto.
Lo que sí funciona de maravilla es el ritmo de progresión. Incluso en las partidas fallidas, en las que pierdes el botín que llevabas encima, Marathon encuentra la manera de que sientas que algo avanzó. Quizás desbloqueaste acceso a una mochila más grande o escudo mejor en la tienda y esa sensación de “no fue en vano” marca la diferencia entre un extraction shooter que engancha y uno que agota.
Clases de personaje: funcionales, pero sin sorprender
Marathon adopta el modelo de hero shooter con siete clases disponibles, cada una con habilidades pasivas y activas predefinidas. El Assassin puede volverse invisible o cubrirse en humo. El Triage cura y revive aliados. El Destroyer absorbe daño. Son arquetipos que cumplen su función dentro del equipo, pero que no terminan de tener la personalidad que uno esperaría de Bungie, especialmente si se comparan con las clases de Destiny, donde cada subclase tiene una identidad profunda y un repertorio de habilidades con mucho más carácter.
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No son malas. Pero tampoco son memorables, y viniendo del estudio que creó al Cazador o al Titán, eso se siente como una oportunidad desperdiciada.

El PvP es la joya de la corona
A diferencia de ARC Raiders, donde los enfrentamientos entre jugadores son la excepción y no la regla, Marathon abraza el PvP como parte central de su identidad. Los mejores momentos del juego ocurren cuando dos equipos se encuentran en un pasillo estrecho y oscuro, sin saber exactamente dónde está el otro, midiendo cada movimiento. La tensión es casi física.
Y la recompensa lo justifica: el mejor botín de una partida no está en los cofres del mapa, está en los bolsillos del equipo rival al que acabas de eliminar. Esa lógica de “deja que otros lo recojan por ti” es cruel, elegante y absolutamente adictiva.
Menús que merecen una segunda revisión urgente
Si hay un punto donde Marathon tropieza con fuerza, es en la gestión del inventario. Los mods de armas se representan con íconos genéricos e indistinguibles entre sí, lo que obliga a pasar el cursor por encima de cada uno para entender qué hace. En el calor de una partida, cuando necesitas hacer un cambio rápido, este sistema se convierte en un obstáculo que no debería existir.
A decir verdad, la interfaz tiene el estilo visual del resto del juego, pero sacrifica la funcionalidad en el altar de la estética. Es el tipo de problema que un par de actualizaciones puede resolver, pero que en el estado actual genera una fricción evitable.
Un universo que pide ser explorado
Lo que nadie esperaba encontrar con tanta fuerza en Marathon es una narrativa que engancha. Al terminar cada misión aparecen facciones nuevas, líneas de diálogo y fragmentos de lore que construyen un universo cyberpunk perturbador, obsesionado con el transhumanismo y la inmortalidad. Las pantallas de carga son inquietantes de la mejor manera posible. Los entornos tienen esa sensación artificial y fría que hace que no quieras quedarte demasiado tiempo en ningún lugar, pero tampoco puedas irte.
Bungie no siempre cumple con sus promesas narrativas a largo plazo. Eso es un hecho conocido. Pero si Marathon mantiene este ritmo de construcción de mundo, puede que esta sea la vez que sí lo logre.
Lo que está claro es que Marathon ya sabe quién es: un extraction shooter con el mejor gunplay del mercado, una progresión que no da tregua y un universo que invita a quedarse. La pregunta que solo el tiempo responderá es si Bungie puede sostener esa promesa una vez que el lanzamiento quede atrás. Por ahora, la respuesta provisional es que vale la pena estar pendiente.