La tecnología cambió cómo encontramos pareja y cómo hablamos de sexo y relaciones

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Apps, podcasts y redes están cambiando dónde hablamos de sexualidad y relaciones.

Durante años, hablar de tecnología y relaciones significó casi siempre lo mismo: aplicaciones para conocer personas. Hacer match, empezar una conversación y descubrir si detrás de una buena foto también había algo que decir.

Ese escenario se ha ampliado. El mismo teléfono desde el que alguien puede buscar pareja también sirve para escuchar a una sexóloga, conocer experiencias ajenas, buscar información sobre sexualidad o cuestionar ideas aprendidas sobre fidelidad, deseo, cuerpo y formas de relacionarse.

En Colombia, Gleeden, plataforma conocida por los encuentros extraconyugales y cuya conversación también se ha extendido hacia otras formas de relación, quiere llevar ese fenómeno al formato de video y audio junto a la psicóloga y sexóloga Flavia Dos Santos.

Del match a la conversación

Las plataformas digitales ya no sirven únicamente para encontrar pareja. También se han convertido en espacios para hablar de deseo, autonomía, sexualidad y modelos de relación, trasladando al terreno público preguntas que durante mucho tiempo permanecieron en conversaciones privadas.

Ese es el punto de partida de “Gleeden Confidencial con Flavia Dos Santos”, un formato en el que la especialista conversa con distintas personalidades colombianas sobre experiencias relacionadas con el cuerpo, las relaciones, los estereotipos y la vida afectiva.

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La primera temporada anunciada por la compañía incluye a Camy Jiménez, Blanca Durán, Lucía Beltrán —“La Mona soy Yo”—, Jorge García, Juanita Kremer y Lesley Wolf.

Más que los nombres, lo interesante está en el formato. Una conversación que antes podía ocurrir exclusivamente con una pareja, un amigo cercano o en consulta ahora también puede convertirse en un episodio que alguien escucha camino al trabajo o encuentra después de escribir una pregunta incómoda en el buscador a las dos de la mañana.

Eso no convierte automáticamente a internet en terapeuta ni garantiza que toda la información disponible sea correcta. Pero sí aumenta la cantidad de lugares donde esas preguntas pueden aparecer.

Hablar de sexualidad también es hablar de límites, autoestima y decisiones

Reducir la sexualidad al acto sexual deja por fuera buena parte de lo que está detrás de nuestras relaciones.

Cuando hablamos de sexualidad también estamos hablando de identidad, de autoestima, de nuestros vínculos, de lo que esperamos de una pareja, de los límites que establecemos y de las decisiones que tomamos sobre nuestra propia vida”, explica Flavia Dos Santos.

La idea coincide con una mirada más amplia de la salud sexual. En Colombia, el Ministerio de Salud reconoce la sexualidad como una dimensión que atraviesa el curso de vida y plantea que las decisiones relacionadas con ella deben poder tomarse de manera libre, autónoma e informada.

Los formatos digitales agregan otra capa a esa conversación porque permiten acceder a testimonios, especialistas y experiencias diferentes sin depender de que el tema aparezca espontáneamente en el entorno inmediato de una persona.

También pueden ayudar a ponerle nombre a preguntas que ya existían.

Dos Santos lo plantea desde los mandatos que suelen acompañar esas decisiones: “La sexualidad todavía está atravesada por culpas, prejuicios y por muchas ideas sobre lo que supuestamente deberíamos querer o cómo deberíamos relacionarnos”.

Ahí la tecnología no resuelve el dilema. Simplemente hace más difícil fingir que la conversación no existe.

Internet abre la conversación, pero no elimina los desacuerdos

Uno de los asuntos que más fácilmente genera confusión es el de las nuevas formas de relación.

Hablar de relaciones abiertas o no monogamia consensuada no equivale a hablar de infidelidad. En las primeras existen acuerdos conocidos por quienes participan; una infidelidad puede ocurrir precisamente cuando esos acuerdos se rompen.

La diferencia parece obvia una vez escrita, pero resulta importante en una conversación impulsada por Gleeden, una plataforma que históricamente se ha promocionado alrededor de encuentros extraconyugales. La existencia de alternativas al modelo monógamo no convierte todas las decisiones en equivalentes ni elimina la necesidad de consentimiento, límites y acuerdos.

No existe una única manera de amar, relacionarse o vivir la sexualidad. Poder reconocer diferentes posibilidades no significa que todas sean adecuadas para todas las personas”, señala Dos Santos.

Ese matiz probablemente sea más útil que cualquier intento de declarar ganador a un modelo de pareja.

Los espacios digitales permiten escuchar experiencias diferentes y cuestionar algunas ideas heredadas, pero no sustituyen las conversaciones que finalmente deben ocurrir entre las personas involucradas.

Tal vez ahí esté uno de los cambios más interesantes. Durante décadas utilizamos computadores para intentar encontrar a alguien compatible. Ahora también los utilizamos para preguntarnos qué significa realmente ser compatibles.

¿Sabías que?

Mucho antes de Tinder, las aplicaciones móviles e incluso la web, ya había estudiantes intentando usar computadores para encontrar pareja. En 1959, Jim Harvey y Phil Fialer desarrollaron en Stanford un experimento llamado Happy Families Planning Service: reunieron cuestionarios de 49 hombres y 49 mujeres y utilizaron un computador IBM 650 para calcular posibles parejas compatibles.

Más de seis décadas después, la pregunta tecnológica ha cambiado bastante. Entonces se trataba de saber si una máquina podía decirnos con quién salir. Hoy los espacios digitales también sirven para discutir qué buscamos en una relación, cuáles son nuestros límites y qué entendemos por fidelidad o deseo. El algoritmo aprendió muchas cosas; nosotros seguimos tratando de entendernos.

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