En nuestra reseña de Kiln desnudamos la loca propuesta multijugador de Double Fine. ¿Vale la pena este combate de vasijas de barro?
Apenas han pasado tres meses desde que el legendario estudio Double Fine (sí, los mismos genios detrás de Psychonauts) anunció oficialmente su nuevo y bizarro experimento. Lo definieron como un “juego de lucha, fiesta y alfarería multijugador en línea”. Suena como una mezcla sacada de un sueño febril después de ver un maratón de Ghost: La sombra del amor y Super Smash Bros, pero la realidad es que Kiln ya está aquí.
Nacido de una Game Jam interna hace varios años, este título llega a Xbox y PC con una etiqueta de precio amigable ($19.99 dólares) y disponible desde el día uno en Xbox Game Pass Ultimate. La premisa es tan absurda como atractiva: creas tus propias vasijas de barro, las personalizas, las posees con un espíritu y te lanzas a la arena para destrozar al equipo contrario. Después de pasar horas manchándonos las manos de arcilla virtual en sus betas y versión final, aquí te contamos si esta locura logra encender el horno o si se queda fría.
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¿De qué se trata Kiln y cómo funciona su original jugabilidad?
Kiln no se anda con rodeos. En los primeros minutos, te presenta a tu personaje espiritual (que, por alguna razón, tiene una selección de traseros sorprendentemente definidos) y te lanza directamente a la creación de tu vasija.
El movimiento en la arena es básico: saltas, haces un movimiento de esquive (roll) similar a un sprint, atacas y usas una habilidad especial que depende de la forma de la vasija que hayas creado. La curva de aprendizaje es tan suave como la arcilla fresca, lo que lo hace fácil de entender cuando saltas a tus primeras partidas.
Pero el corazón del juego no está solo en pelear; está en el taller. En un área social llamada The Wedge, puedes pasar horas moldeando tu maceta perfecta. Usando el control en un plano 2D, esculpir tu creación es increíblemente intuitivo. Le agregas asas, esmaltes de colores y pegatinas. ¿Quieres hacer una jarra con forma de espada? Puedes. ¿Una vasija gorda con una maza con pinchos gigante? Yo lo hice y fue maravillosamente violento.
“Los tamaños de las vasijas definen tu clase. Una vasija pequeña será más rápida, mientras que un jarrón gordo actuará como un tanque pesado con ataques de área.”
Lo que realmente importa es que Double Fine decidió recompensar la creatividad del jugador en lugar de vaciar su billetera. Salvo un par de bonos de preventa, todas las locas opciones de personalización se desbloquean simplemente jugando y subiendo a lo largo de los 50 niveles de progresión actuales.
Quench: la única pero frenética arena de combate multijugador
Una vez que tu vasija está lista para la guerra, entras a Quench, el único modo de juego multijugador disponible en el lanzamiento. Piensa en esto como una mezcla caótica entre Fat Princess, Power Stone y Splatoon.
- El objetivo: Simple y directo. Debes llenar tu vasija de barro en los puntos de agua repartidos por el mapa, correr hacia la base enemiga y empapar su horno (Kiln). El primer equipo que apague el horno rival tres veces, gana.
- El caos táctico: Tienes 10 minutos por partida, pero el ritmo es tan frenético que rara vez llegarás al límite de tiempo. Los puntos de agua son estratégicos; puedes conseguirlos en las fuentes o rompiendo las vasijas de los jugadores enemigos si prefieres la violencia.
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A decir verdad, el emparejamiento funciona de maravilla, sintiéndose equilibrado y enfocado netamente en la diversión pura, alejándose de los ambientes tóxicos del juego competitivo clasificado (Ranked).
Sin embargo, si lo miramos con lupa, el combate cuerpo a cuerpo sufre de un problema grave: la detección de impactos (hitboxes). En los momentos donde hay un enjambre de jugadores alrededor de un horno, la locura se convierte en confusión pura. Lanzar ataques especiales a veces no registra el daño como debería, generando frustración en medio del caos.
Mapas con personalidad: desde cintas transportadoras hasta pistas de baile
El encanto característico de Double Fine desborda en el diseño de niveles. Con una vibra que mezcla dioses egipcios, mitología griega y parques de atracciones kitsch, los escenarios están llenos de vida y trampas tácticas.
Destacan especialmente Hermes’ Package Center, un mapa lleno de cintas transportadoras que te lanzan a territorio enemigo a toda velocidad, y Dionysus’ Dancefloor, que literalmente detiene a tus vasijas en seco para obligarlas a tener un pequeño duelo de baile en medio de la partida. Son arenas pequeñas, pero inteligentemente diseñadas con pasadizos secretos para las vasijas más pequeñas y zonas abiertas para los tanques de barro gigantes.
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Veredicto de Pixelados
¿Vale la pena Kiln? Si tienes Xbox Game Pass, la respuesta es un rotundo sí para pasar unas cuantas tardes de caos y risas con amigos. Es un título que derrocha esa personalidad de “joya oculta” típica de los años dorados de Xbox Live Arcade. La mecánica de crear tu propia vasija es maravillosamente entretenida y las batallas son raudas, tontas y gratificantes.
| Lo que nos pixeló | Lo que podría pixelar mejor |
| El creador de vasijas: Intuitivo, profundo y muy divertido. Ver tus propias esculturas de barro cobrar vida en la batalla es genial. | La escasez de contenido: Un solo modo de juego (Quench) y solo cinco mapas de lanzamiento se sienten como un paquete de acceso anticipado. |
| El sistema de monetización: Todo se desbloquea jugando. Cero micropagos abusivos que castiguen a los que no quieren gastar dinero extra. | Ausencia de cooperativo local: Que un juego tan fiestero y casual no permita jugar a pantalla dividida en el sofá es una oportunidad desperdiciada. |
| Diseño y animaciones: El encanto clásico de Double Fine brilla en cómo se mueven las diferentes formas de vasijas y en la estética kitsch de los dioses. | Problemas técnicos: Los tirones, el lag y la mala detección de colisiones empañan un combate que debería ser mucho más fluido y preciso. |
Sin embargo, si vas a pagar sus $19.99 dólares, debes saber que estás comprando una promesa a futuro. Con un solo modo de juego, cinco mapas y un rendimiento técnico que necesita con urgencia una capa gruesa de barniz, se siente más como un Early Access (Acceso Anticipado) muy encantador que como un juego completo. Esperamos que Double Fine le dé el tiempo de cocción necesario para que este horno no se apague antes de tiempo.
La industria del multijugador está saturada de juegos como servicio (GaaS) que exigen tu alma, tu billetera y cientos de horas de tu tiempo. Kiln es un recordatorio refrescante de que los videojuegos también pueden ser simplemente juguetes digitales sin pretensiones: creas algo tonto, te ríes un rato rompiendo las creaciones de otros y sigues con tu vida. Solo esperemos que esta chispa de creatividad no se extinga por la falta de contenido inicial, una condena cada vez más común en los lanzamientos modernos.