La generación del scroll: cuando el celular nos conoce mejor que nadie

somospixelados12
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Por Fabián Motta, fundador y director de SmartPR

Hay un objeto con el que pasamos más tiempo que con nuestra cama, más tiempo que con nuestra pareja, más tiempo que con cualquier persona. No duerme, no se cansa, no nos contradice. Siempre está ahí. Ese objeto es el celular.

Esta no es una percepción subjetiva. Es el punto de partida de una realidad que en SmartPR decidimos analizar con mayor profundidad en nuestro ebook Tendencias de la Comunicación 2026: ya no nos define la edad, nos define la velocidad con la que consumimos información. Somos la generación del scroll.

Una generación marcada por un gesto casi involuntario: el dedo pulgar deslizándose una y otra vez, sin pausa, sin intención clara, buscando algo que no siempre sabemos qué es, pero que sentimos que no podemos perdernos. No buscamos contenido, buscamos estímulo. No buscamos ideas, buscamos dopamina.

El celular dejó de ser una herramienta para convertirse en una extensión emocional. Es lo primero que tocamos al despertar y lo último que soltamos antes de dormir. Nos acompaña en el transporte, en el trabajo, en las filas, en los silencios incómodos y, muchas veces, en la cama. Sin darnos cuenta, se volvió el principal mediador de nuestra relación con el mundo.

El problema no es el scroll.
El problema es cuando dejamos de decidir y empezamos a reaccionar.

En el ebook hablamos de cómo la atención se convirtió en el activo más escaso de nuestra época. Hoy no leemos, escaneamos. No profundizamos, saltamos. Si un mensaje no captura en dos o tres segundos, desaparece. Pero esta lógica no solo afecta a marcas o medios: está reconfigurando la forma en la que pensamos, conversamos y sentimos.

Cada scroll es una microdecisión que cedemos. El algoritmo decide qué vemos, qué nos indigna, qué nos reafirma y qué ignoramos. Nos promete personalización, pero muchas veces nos entrega repetición. Nos encierra en burbujas cómodas donde casi nunca somos desafiados. Así, poco a poco, dejamos de entrenar el criterio y empezamos a entrenar el hábito.

Paradójicamente, en medio de esta hiperconexión constante, nunca habíamos estado tan desconectados de nosotros mismos. El silencio incomoda. La pausa genera ansiedad. El aburrimiento, ese espacio fértil para la creatividad y la reflexión, se volvió intolerable. Ante cualquier vacío, el pulgar actúa por reflejo.

Por eso, una de las ideas centrales del ebook es que la gran batalla de 2026 no es por la visibilidad, sino por la relevancia. No gana quien más grita, sino quien logra generar significado en medio del ruido. No gana quien más aparece, sino quien construye confianza en un ecosistema saturado de estímulos artificiales.

La generación del scroll no es superficial por naturaleza. Está agotada. Saturada de pantallas, notificaciones, urgencias falsas y promesas que duran lo mismo que una historia de 15 segundos. Vive con la sensación constante de llegar tarde a algo, aunque no sepa exactamente a qué. Y ese cansancio se nota: en la ansiedad, en la polarización, en la dificultad para sostener conversaciones profundas o desacuerdos sanos.

Frente a este escenario, el ebook plantea una idea incómoda pero necesaria: volver a lo humano es una decisión estratégica. Detener el scroll no desde el impacto vacío, sino desde la verdad verificable, la coherencia y la autenticidad. Hablar menos, pero decir algo que valga la pena.

Tal vez el mayor acto de rebeldía de esta década no sea desconectarse del todo, sino volver a elegir conscientemente. Elegir cuándo mirar, cuándo parar, cuándo leer con calma. Elegir conversaciones reales en lugar de validaciones rápidas. Elegir profundidad en un mundo que premia la velocidad.

Para quienes trabajamos en comunicación, y para las marcas que acompañamos, el reto es aún mayor. No estamos compitiendo por atención; estamos compitiendo por confianza. Y la confianza no se construye en dos segundos, aunque el scroll nos haya entrenado para creer lo contrario. Se construye con coherencia, con respeto por la inteligencia de las audiencias y con la valentía de no decir todo, todo el tiempo.

Quizá sea momento de hacernos una pregunta incómoda pero urgente, como lo proponemos en Tendencias de la Comunicación 2026:
Si el celular es el objeto con el que más tiempo compartimos…
¿quién está educando nuestra mirada, nuestras emociones y nuestras decisiones?

La generación del scroll no necesita más contenido.
Necesita más criterio.
Más pausa.
Más humanidad.

Y eso, paradójicamente, no lo va a resolver ningún algoritmo.

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