NASA también proyecta una base lunar para esa década.
El trabajo remoto podría terminar tomándose su nombre demasiado en serio. Dylan Taylor, fundador y CEO de Voyager Technologies, cree que a comienzos de la próxima década habrá personas viviendo y trabajando en la Luna.
En una entrevista con Fortune, el empresario aseguró que el siguiente gran paso después de la presencia humana en órbita será establecer una base lunar. Su imagen del futuro es bastante gráfica: mirar hacia arriba desde la Tierra y alcanzar a ver luces en la Luna producto de la actividad humana.
Eso sí, todavía no conviene actualizar LinkedIn con “disponibilidad para reubicación lunar”. Taylor está haciendo una predicción, no anunciando una fecha oficial de apertura para una colonia.
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La Luna podría tener trabajadores en los años 2030
Taylor dijo a Fortune que espera que los seres humanos estén viviendo y trabajando en la Luna a comienzos de los años 2030. Aunque no existe una fecha confirmada para que eso suceda, la proyección tiene un detalle interesante: los planes de NASA también contemplan durante esa década avanzar hacia estadías humanas cada vez más prolongadas en la superficie lunar.
En la práctica, el salto es enorme. Una cosa es enviar astronautas durante una misión y otra bastante diferente es disponer de energía, comunicaciones, hábitats, transporte, suministros y sistemas capaces de mantener personas trabajando allí durante largos periodos.
La Estación Espacial Internacional ya demostró que es posible mantener presencia humana continua fuera de la Tierra. Taylor utiliza precisamente ese precedente para argumentar que el siguiente paso será ampliar esa experiencia más allá de una pequeña población de astronautas altamente entrenados.
La Luna, por cercanía y por el interés que vuelve a despertar entre agencias espaciales y compañías privadas, aparece como el siguiente candidato.
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¿Y exactamente de qué se trabajaría allá arriba?
Aquí es donde la historia deja de parecer únicamente una misión de exploración y empieza a sonar a economía.
Taylor mencionó a Fortune actividades como la extracción de recursos, la construcción de infraestructura energética y los centros de datos orbitales entre los posibles trabajos del futuro. Son escenarios que imagina el empresario y no ofertas laborales que estén esperando hoja de vida.
También considera que la automatización no resolverá todo.
El ejecutivo puso como ejemplo a Optimus, el robot humanoide de Tesla, para defender la idea de que habrá tareas difíciles de anticipar y programar y que, según su visión, seguirán necesitando personas capaces de resolver problemas en el sitio.
Es una discusión que probablemente acompañará cualquier intento serio de establecer operaciones permanentes fuera de la Tierra. Cuanto más lejos esté una instalación, más costoso será mandar humanos; pero cuanto más impredecible sea el trabajo, más difícil puede resultar depender exclusivamente de máquinas.
Y si alguna vez aparece una vacante con “capacidad para trabajar bajo presión” en una base lunar, por una vez la frase podría ser bastante literal.
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Musk, Bezos y Altman también miran hacia trabajos fuera de la Tierra
Taylor tampoco está solo entre los multimillonarios tecnológicos que imaginan una economía más allá de nuestro planeta.
Elon Musk lleva años colocando a Marte en el centro de los planes de SpaceX y defendiendo la idea de convertir a la humanidad en una especie multiplanetaria. Sus calendarios, sin embargo, han sido mucho más optimistas que los resultados obtenidos hasta ahora: fechas planteadas anteriormente para llevar seres humanos al planeta rojo ya pasaron sin que esas misiones ocurrieran.

Jeff Bezos ha imaginado otra ruta. El fundador de Amazon y Blue Origin ha hablado de millones de personas viviendo algún día en el espacio y de utilizar robots para realizar trabajos en lugares como la superficie lunar.
Sam Altman también ha vinculado el futuro laboral con el espacio. El CEO de OpenAI ha sugerido que quienes hoy son jóvenes podrían encontrarse dentro de menos de una década con profesiones nuevas y muy bien remuneradas relacionadas con actividades fuera de la Tierra.
Las predicciones no son equivalentes. Musk habla principalmente de Marte, Bezos plantea enormes comunidades espaciales y una fuerte participación de robots, mientras Taylor coloca una base lunar habitada mucho más cerca en el calendario.
Lo que comparten es la apuesta por que la expansión espacial no se limite a plantar banderas y regresar a casa. En sus respectivas visiones, allá afuera también habrá industria, infraestructura y personas cobrando por hacer un trabajo.
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NASA también tiene marcado 2032 en su calendario lunar
La parte que vuelve más interesante la predicción de Taylor es que los años 2030 no aparecen únicamente en discursos de empresarios.
La hoja de ruta de NASA para desarrollar una presencia sostenida en la Luna contempla una fase a partir de 2032 enfocada en construir y ampliar una base donde astronautas puedan vivir y trabajar durante periodos prolongados.
Eso no significa que el primero de enero de 2032 alguien vaya a fichar entrada desde el polo sur lunar. Una hoja de ruta espacial depende de presupuestos, pruebas, vehículos, misiones anteriores y una cantidad considerable de ingeniería que puede modificar los calendarios.
Pero sí muestra que “trabajar en la Luna” ya no pertenece exclusivamente al terreno de la ciencia ficción. La diferencia es que las agencias espaciales hablan inicialmente de astronautas, científicos e infraestructura especializada, mientras empresarios como Taylor están imaginando el paso posterior: una economía con más oficios y más personas.
Taylor incluso distingue ese futuro lunar de una eventual colonización de Marte. Según explicó a Fortune, la distancia y la radiación vuelven al planeta rojo un desafío mucho mayor. Para él, Marte tendría sentido sobre todo como una segunda apuesta para la supervivencia humana frente a una catástrofe terrestre, no como el lugar al que se mudará próximamente la mayoría de nosotros.
Así que, por ahora, nadie necesita calcular cuánto costaría el almuerzo cerca del cráter Shackleton. Pero la conversación ya está pasando de “¿volveremos a la Luna?” a una pregunta bastante más ambiciosa: “¿qué haremos cuando podamos quedarnos?”.
¿Sabías que?
La idea de tener una profesión y trabajar sobre la Luna tiene un antecedente bastante literal. Harrison “Jack” Schmitt, integrante del Apollo 17, fue el primer científico de formación que caminó sobre la superficie lunar. Era geólogo y llegó allí en diciembre de 1972 junto con Eugene Cernan.
Apollo 17 permaneció alrededor de 75 horas en la superficie, y Schmitt pudo aplicar directamente sus conocimientos de geología durante las actividades de exploración y recolección de muestras. Más de medio siglo antes de hablar de mineros, ingenieros de energía o técnicos de una base permanente, un ser humano ya había llevado su profesión hasta la Luna. La gran diferencia es que después tuvo que volver a casa.