De stablecoins a inteligencia artificial: cinco fuerzas que están moviendo a la banca

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Tu banco puede mover dinero en segundos: detrás hay una transformación mucho más grande.

Enviar dinero y verlo aparecer segundos después en otra cuenta se está volviendo tan normal que casi olvidamos lo extraño que habría parecido hace unos años. Ya no queremos saber a qué hora abre el banco, cuándo cierra la compensación o si el lunes es festivo: tocamos “enviar” y esperamos que el dinero se mueva ahora.

El problema es que el dinero aprendió a correr y toda la infraestructura que existe detrás tiene que seguirle el ritmo.

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Esa presión está llevando la transformación bancaria a un lugar mucho menos visible que la aplicación instalada en el teléfono. Pagos instantáneos, stablecoins, inteligencia artificial, nuevas formas de invertir y financiación empresarial están obligando a las entidades financieras de Latinoamérica a revisar los sistemas que procesan, conectan y administran el dinero.

El tema fue uno de los ejes del Temenos Regional Forum Americas 2026, realizado en Orlando y que reunió a más de 300 representantes de bancos, cooperativas y empresas del ecosistema financiero. Pero detrás de las conversaciones del evento aparece una idea más amplia: la banca ya modernizó buena parte de lo que vemos; ahora necesita transformar lo que ocurre detrás de la pantalla.

Estas son cinco tendencias que ayudan a entender ese cambio.

1. El dinero tiene cada vez más caminos para llegar al mismo lugar

Durante mucho tiempo era relativamente sencillo imaginar el recorrido de un pago: una cuenta, un banco, una red y otra cuenta.

Hoy el mapa tiene bastantes más carreteras.

A los sistemas bancarios tradicionales, redes de tarjetas y transferencias se han sumado billeteras digitales, sistemas nacionales de pagos instantáneos y tecnologías basadas en activos digitales. Entre estas últimas aparecen las stablecoins, criptomonedas diseñadas para mantener un valor vinculado normalmente a otro activo, como el dólar.

No significa que mañana vayamos a abandonar las cuentas bancarias para pagar todo con stablecoins.

Lo que sí significa es que las instituciones comienzan a enfrentarse a una infraestructura más fragmentada, donde distintos rieles pueden servir para mover dinero dependiendo de la operación, el costo, la velocidad o el país.

El Fondo Monetario Internacional señala que cerca del 99 % de las stablecoins están denominadas en dólares y reconoce que pueden aportar eficiencia a determinados pagos, especialmente transfronterizos, aunque también plantea riesgos relacionados con regulación, estabilidad financiera y sustitución monetaria en mercados emergentes.

Para un banco, entonces, aparece una pregunta que hace algunos años tenía muchas menos respuestas posibles: ¿por cuál de todos estos caminos debería viajar una transacción?

Y cuantos más caminos existan, más importante resulta que la infraestructura pueda conectarlos sin convertirse en un rompecabezas operativo.

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2. Los pagos instantáneos obligan a los bancos a vivir 24/7

Aquí la transformación ya no es una posibilidad futura.

Los pagos rápidos en Latinoamérica y el Caribe pasaron de 620 millones de operaciones en 2017 a 79.800 millones en 2024. Eso significa que el volumen se multiplicó alrededor de 130 veces en ocho años. En 2024 ya representaban aproximadamente el 45 % de los pagos digitales de la región.

El estudio de Temenos y PCMI discutido durante el foro estima además que la participación de los pagos instantáneos dentro de los pagos digitales minoristas latinoamericanos podría llegar al 60 % en 2030.

La experiencia del usuario es sencilla: enviar y recibir dinero en segundos.

La experiencia del banco no tanto.

Para que eso ocurra, los sistemas deben consultar saldos, verificar una operación, prevenir fraude, mover fondos y mantener los servicios disponibles prácticamente a cualquier hora. El Banco de Pagos Internacionales define precisamente los sistemas rápidos de pago por la posibilidad de transferir fondos inmediatamente y funcionar 24 horas al día, siete días a la semana.

“Cuando el dinero se mueve en segundos, la experiencia del cliente también se mide en segundos”, explicó Leonardo Amortegui, consultor senior de soluciones Latam de Temenos, durante las conversaciones alrededor del encuentro.

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Y esa frase resume bastante bien el problema.

Un banco ya no puede ofrecer una transferencia inmediata mientras el resto de sus procesos continúa pensando en días hábiles.

3. La gestión patrimonial quiere salir del salón VIP

Wealth management puede sonar como uno de esos términos diseñados específicamente para reuniones con café caro.

En realidad, se refiere a servicios de gestión patrimonial: inversión, planificación financiera, administración de activos y asesoramiento, tradicionalmente asociados a clientes con patrimonios elevados.

La tecnología está empezando a cambiar a quién pueden dirigirse esos servicios.

La tendencia apunta hacia modelos que combinan atención digital con asesoría humana para llegar también al segmento conocido como mass affluent: personas con capacidad de inversión relevante, pero que no necesariamente califican dentro de los perfiles tradicionales de banca privada.

Aquí la inteligencia artificial empieza a aparecer, aunque no necesariamente en forma de un robot que decide dónde invertir tus ahorros.

Temenos completó en julio de 2026 la adquisición de additiv, una fintech especializada en plataformas de gestión patrimonial. Su tecnología utiliza una capa de orquestación habilitada por IA para conectar interacciones del cliente, procesos, datos y diferentes aplicaciones dentro de una misma experiencia.

Ese concepto de “orquestación” puede sonar abstracto, pero su objetivo es bastante concreto.

Si lanzar un nuevo servicio de inversión requiere conectar manualmente sistemas, datos y procesos cada vez que aparece un nuevo producto, crecer resulta lento y costoso. Una arquitectura capaz de coordinar esas piezas hace posible crear propuestas para más segmentos sin reconstruir toda la operación desde cero.

La IA, en este caso, no tiene que parecer magia.

A veces basta con conseguir que sistemas que antes apenas se hablaban empiecen a entenderse entre ellos.

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4. Las empresas necesitan algo más flexible que escoger un crédito de un menú

Las necesidades financieras de una compañía rara vez encajan perfectamente dentro de una casilla.

Una empresa puede necesitar capital de trabajo hoy, financiar maquinaria mañana, utilizar leasing para determinados activos y estructurar otro tipo de deuda cuando llegue el momento de expandirse.

Sin embargo, muchos productos financieros han operado históricamente como universos separados.

Otra de las tendencias discutidas en el Temenos Regional Forum apunta precisamente a reducir esas fronteras mediante una mayor integración entre lending y leasing, es decir, entre distintos mecanismos de financiación y arrendamiento financiero.

El cambio parece pequeño hasta que pensamos en la experiencia desde el otro lado.

En lugar de obligar a una empresa a descubrir cuál de las categorías internas del banco se parece más a su problema, la infraestructura puede permitir construir propuestas alrededor de lo que realmente necesita financiar.

Eso requiere que productos, datos y procesos dejen de vivir en compartimentos completamente aislados.

La pregunta puede empezar a pasar de “¿cuál de nuestros créditos quieres?” a “¿cómo podemos estructurar esta necesidad financiera?”.

Y para que ese cambio no dependa de una montaña de procesos manuales, nuevamente aparece la tecnología detrás.

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5. Para hacer todo lo anterior hay que tocar el corazón del banco

Aquí llegamos a la parte que probablemente nunca aparecerá en un comercial protagonizado por alguien pagando un café con el celular.

El core bancario.

Es el conjunto de sistemas centrales donde una entidad mantiene cuentas, saldos, préstamos, registros y buena parte de las operaciones fundamentales que permiten que el banco funcione.

Durante años fue posible mejorar la experiencia digital sin reemplazar completamente esa infraestructura. Se construyeron aplicaciones modernas, nuevas páginas web y servicios digitales encima de sistemas que, en algunos casos, llevaban décadas haciendo su trabajo detrás.

Eso tiene un límite.

McKinsey advierte que los sistemas core heredados están convirtiéndose en una restricción frente a necesidades como datos en tiempo real, arquitecturas cloud-native e inteligencia artificial a escala. La evolución apunta hacia estructuras más modulares capaces de reemplazar la lógica de un gigantesco sistema monolítico por componentes que puedan cambiar y conectarse con mayor independencia.

Imagina un edificio donde para cambiar la cocina fuera necesario intervenir también el ascensor, las ventanas y media instalación eléctrica.

Eso es justamente lo que una arquitectura componetizada intenta evitar.

En lugar de que cada nueva capacidad obligue a modificar una enorme pieza tecnológica, diferentes módulos pueden evolucionar y conectarse con mayor flexibilidad.

“La transformación de la banca en Latinoamérica está pasando de una etapa centrada en modernizar los canales y todas las plataformas para crear una mejor experiencia al cliente a otra en la que es necesario reemplazar la tecnología del core bancario o back office”, explicó Rodrigo Silva, presidente de Temenos para Latinoamérica.

Y ahí también cambia la conversación sobre inteligencia artificial.

Poner un asistente conversacional en una aplicación puede ser visible. Conseguir que una IA acceda a datos fiables, comprenda el contexto de una operación y pueda interactuar de manera segura con sistemas centrales es un reto completamente diferente.

Por eso el verdadero banco impulsado por IA probablemente se juegue menos en el chatbot que vemos y más en la calidad de la infraestructura que nunca vemos.

La transformación bancaria ya no puede quedarse en una buena app

Durante la primera gran etapa de digitalización bancaria, la experiencia era el campo de batalla.

Abrir una cuenta desde el celular, hacer transferencias sin visitar una oficina, bloquear una tarjeta desde una aplicación o consultar movimientos en segundos marcaron diferencias importantes.

Ahora buena parte de esas experiencias se están convirtiendo en expectativas básicas.

El siguiente desafío está debajo.

Cerca del 60 % de los sistemas core de los bancos latinoamericanos todavía depende de tecnología legada, según investigaciones de PCMI citadas por Temenos. Esa infraestructura puede seguir funcionando, pero mantenerla empieza a limitar la velocidad con la que se lanzan nuevos productos, se integran tecnologías y se responden nuevas exigencias del mercado.

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Stablecoins, pagos instantáneos, gestión patrimonial digital, financiación flexible e inteligencia artificial parecen tendencias diferentes.

En el fondo comparten una exigencia: el banco necesita ser capaz de cambiar sin tener que desmontarse cada vez que cambia el mercado.

Una aplicación bonita puede esconder un motor antiguo durante bastante tiempo.

No para siempre.

¿Sabías que?

Los pagos instantáneos podrían tener consecuencias que van mucho más allá de evitar esperar por una transferencia. Un estudio del Banco de Pagos Internacionales sobre Latinoamérica y el Caribe encontró que la expansión de estos sistemas aparece asociada con un mayor acceso a productos de ahorro y crédito dentro del sistema financiero.

Eso no significa que una transferencia rápida genere automáticamente inclusión financiera. Sí muestra algo más interesante: cuando cambia la infraestructura sobre la que circula el dinero, también pueden aparecer nuevas maneras de prestar, ahorrar y acceder a servicios. Modernizar un banco, entonces, no importa únicamente porque permita hacer más rápido lo que ya hacíamos, sino porque puede abrir la puerta a cosas que antes eran demasiado lentas, costosas o difíciles de ofrecer.

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